Todos los días, miles de personas trabajan a lo largo y ancho del planeta ayudando directamente y de manera aparentemente desinteresada para construir un mundo mejor.

Estas personas dedican su tiempo, su fuerza física e intelectual colaborando en proyectos de lo más variado en función de sus preferencias o aptitudes personales.

Sus acciones, se pueden medir económicamente. Por ejemplo: Si doy clases gratis de español a un colectivo inmigrante sin recursos, efectivamente estoy desempeñando un trabajo que tiene un valor. Mi tiempo, los conocimientos que tengo sobre el idioma y mi pericia a la hora de dar clase son bienes económicos que el mercado valora según unos precios más o menos homogéneos. Otras veces… es más difícil… cuanto vale en euros medio litro escaso de sangre?

Si ese tiempo y esfuerzo que dedico a dar clases gratis, lo emplease en dar clases particulares a domicilio estaría ganando un dinero. ¿Qué inspira entonces un acto tan noble de caridad?

Cuando un voluntario hace su trabajo, está valorando su contribución por encima de todas las alternativas a las que podría dedicarse y que podrían reportarle una contraprestación en dinero. Prefiere dar clases gratis a cobrarlas.

La satisfacción o la utilidad que les reporta el trabajo voluntario es superior a la que les reportaría emplear ese tiempo en otras actividades cualesquiera: horas extras en el curro, jugar a la play o irse de cañas. Si esto no fuera así, sencillamente los voluntarios no realizarían su trabajo y se dedicarían a otras cosas que mejor sirvieran a su satisfacción.

Cada vez que alguien trabaja en algo, bien sea a cambio de dinero o a cambio de satisfacción personal, o a cambio de gratitud o de notoriedad o de amor o aceptación está obteniendo un beneficio económico. Cambia trabajo por otra cosa que a su juicio “vale más” que su propio trabajo.

Todo es valorable en esta vida, pero no todo es valorable en dinero y además todas las valoraciones son subjetivas y dependen de las circunstancias de cada uno. Es muy probable que un niño moribundo y pobre de un valor muy superior al trabajo del médico que tiene delante, que el valor que le daría un niño rico y sano. Se me plantea una pregunta… ¿Cuanto vale una vida humana?

En un mundo de recursos escasos, y siendo el trabajo el bien económico más escaso, debemos estar agradecidos a todas aquellas personas que mueven el culo para echarnos un cable sin pedir nada a cambio.

Me encantaría que llegase alguna vez el momento en que el trabajo voluntario no existiese y todo el mundo fuese capaz de salir adelante sin ayuda. Mientras tanto yo seguiré trabajando, cobrando a veces y otras no :)